La anorexia, contada sin tapujos por una gimnasta del equipo nacional

Gimnasia R√≠tmicaOlatz Rodr√≠guez dej√≥ a los 17 a√Īos su deporte

La anorexia, contada sin tapujos por una gimnasta

Llegó a pesar 37 kilos y fue hospitalizada con desnutrición

Relata abiertamente su proceso y pretende ayudar a otras personas que puedan estar en situación similar

El pasado 9 de marzo, d√≠as antes de que la actividad deportiva se paralizara, la Federaci√≥n Espa√Īola de Gimnasia anunci√≥ en un breve comunicado la retirada de Olatz Rodr√≠guez Cano, componente de la selecci√≥n de r√≠tmica individual. La gimnasta del Club Ritmo de Le√≥n, de 17 a√Īos, hab√≠a participado en el Campeonato de Europa j√ļnior hace ahora dos a√Īos, donde fue finalista en aro.

Olatz ha pasado el confinamiento en su casa de Villasabariego, un pueblo leon√©s de poco m√°s de mil habitantes, donde las medidas de aislamiento fueron menos estrictas. “No me puedo quejar. He tenido la suerte de disponer de un ordenador y un m√≥vil, y no ten√≠a dificultad para seguir el curso”, se felicita esta estudiante de Primero de Bachillerato.

Transcurridos tres meses desde aquel anuncio, Rodr√≠guez ha querido explicar sin tapujos el motivo del abandono de su deporte: anorexia, de la que est√° siendo tratada y se recupera. No es la primera vez que los trastornos de la conducta alimentaria se relacionan con la gimnasia r√≠tmica. Una de las primeras figuras espa√Īolas de este deporte mostr√≥ signos evidentes de padecerlo, aunque ella lo negara. En 1999 este problema fue abordado en una comisi√≥n del Senado. Lo que distingue este caso es la sinceridad y transparencia con la que la gimnasta lo expone, sin reproches ni reparto de responsabilidades, y el prop√≥sito que la anima de ayudar a otras j√≥venes.

Olatz hac√≠a danza en su colegio, pero a ella lo que le gustaba era hacer el pino-puente y ‘spagats’, y la aconsejaron que se se apuntara a gimnasia r√≠tmica. La aceptaron con 7 a√Īos en el Club Ritmo, una de las mejores canteras de la r√≠tmica espa√Īola. Su referente ha sido otra leonesa, la ol√≠mpica Carolina Rodr√≠guez. A partir de los 11 a√Īos entr√≥ en el programa de seguimiento federativo y la convocaban para concentraciones de tecnificaci√≥n. Ella viv√≠a su progresi√≥n sin presi√≥n. “De hecho, en el Europeo j√ļnior apenas me puse nerviosa porque casi ni me lo cre√≠a”, recuerda aquella competici√≥n que se celebr√≥ en Guadalajara.
La gimnasta, en la final de la pasada Liga de Clubes
Pero el proceso que la llev√≥ a la anorexia ya estaba en curso. “Al principio, f√≠sicamente apenas se me notaba porque siempre he sido de constituci√≥n delgadita. Pero quise tomarme en serio las cosas y me pas√©. Ve√≠a a las grandes gimnastas muy delgadas y pens√© que era algo que yo pod√≠a controlar, pero se me fue de las manos a partir del verano y finales de 2018″, relata.

Ve√≠a a las grandes gimnastas muy delgadas y pens√© que era algo que yo pod√≠a controlar, pero se me fue de las manos a partir del verano y finales de 2018”
Estudios sobre los trastornos de la conducta alimentaria centran los desencadenantes en ambientes o personas cercanas al enfermo. Olatz cree que su problema se debe “a que soy muy exigente. Eso fue lo que m√°s influy√≥, adem√°s de los estereotipos. Cuando escuchas ‘m√°s delgadita resultas m√°s elegante’ y cosas as√≠, eran conceptos que yo percib√≠a y distorsionaba, porque nadie quiere que te pase eso”. Ese desenfoque modific√≥ sus h√°bitos de alimentaci√≥n. “Desde el primer momento calculaba las calor√≠as y cuando com√≠a las mismas cosas que los dem√°s me sent√≠a mal”, relata. “Busqu√© en Google anorexia y pon√≠a ‘consulta a un especialista’, pero yo no me atrev√≠a a dec√≠rselo a mis padres, no me ve√≠a capaz. Perd√≠ el control de lo que me pasaba”, reconoce.

Hospitalización

Su deterioro f√≠sico fue advertido por los profesionales del CAR de Le√≥n. “Sobre todo, mi entrenadora, Nuria Casta√Īo, que insist√≠a en que deb√≠a comer de todo, que estaba bajando mucho de peso. Ella intentaba hacer lo posible por ayudarme pero yo estaba muy bloqueada”, recuerda. “Por mucho que me ayudasen yo me quedaba con mis cuatro cosas, verduras, huevos y yogur sin lactosa, y si com√≠a otras me sent√≠a muy mal. No me dejaban entrenar cuando empec√© a adelgazar tanto, porque me mareaba. Iba al CAR porque la gimnasia era lo √ļnico que me motivaba”.

Los m√©dicos y psic√≥logos del centro tambi√©n abordaron la situaci√≥n, “pero yo no lo aceptaba, no me atrev√≠a a decir que no quer√≠a comer. Lo disimulaba diciendo que me dol√≠a el est√≥mago, que no ten√≠a hambre. Al principio lo ten√≠a, pero luego ya no. Me hicieron estudios de masa corporal y me derivaron al Hospital Universitario de Le√≥n. Ah√≠ me ingresaron”.

Ve√≠a a las grandes gimnastas muy delgadas y pens√© que era algo que yo pod√≠a controlar, pero se me fue de las manos a partir del verano y finales de 2018″
Con 1,65 metros de altura, Olatz lleg√≥ a pesar 37 kilos. Permaneci√≥ un mes ingresada con desnutrici√≥n. “Al principio tampoco com√≠a, no sab√≠a realmente a lo que me estaba enfrentado”, rememora aquella experiencia tan dura. “Mi familia lo pas√≥ peor que yo. Como vieron que no com√≠a me amenazaron con ponerme una sonda nasog√°strica. Me asust√© y empece a comer poco a poco, acompa√Īado con suplementos. Normalmente la gente que sufre estos trastornos vomita; por suerte no era mi caso. No pod√≠a ir al ba√Īo porque era un protocolo muy estricto. Se me hizo muy extra√Īo y me agobi√© m√°s. Poco a poco fui aumentando la cantidad de ingesta, mejor√©, sub√≠ a 40 kilos, o eso es lo que me dijeron porque no me permit√≠an ver lo que pesaba. Entr√© el 8 de enero de 2019 y me dieron el alta el 5 de febrero”, recuerda.

Olatz ya era plenamente consciente de su enfermedad y del da√Īo que ocasiona en el organismo. Sali√≥ a√ļn d√©bil del hospital y asustada. “Pens√© que no volver√≠a entrenar. Me dada miedo llegar al tapiz y verme en el espejo tan delgada, porque yo nunca tuve distorsi√≥n de mi imagen, como pasa en otros casos. Un d√≠a mis entrenadoras me animaron a que fuera, para verme, y me fui incorporando poco a poco”.

Empez√≥ dos d√≠as por semana. Ni los m√©dicos ni sus padres la permit√≠an m√°s. Reapareci√≥ en un campeonato escolar y posteriormente particip√≥ en la final de la Liga de Clubes. “Ya ten√≠a un peso m√°s estable y en el verano comenc√© los entrenamiento para ponerme al nivel del equipo nacional. Nunca me echaron; me dieron un margen de tiempo porque no estaba preparada f√≠sica ni ps√≠quicamente. Al entrenar m√°s horas y m√°s d√≠as volv√≠a a bajar de peso, las enfermeras que me trataban se preocuparon, pero poco a poco intent√© comer m√°s, porque si no, no me dejaban entrenar. La situaci√≥n se control√≥”, explica.
Olatz, realizando un ejercicio de flexibilidad
Su pueblo dista 25 kil√≥metros de Le√≥n, y Olatz tardaba entre 30 y 40 minutos en desplazarse al CAR. La Federaci√≥n Espa√Īola le otorg√≥ una beca de interna en una residencia, que le permit√≠a estudiar y entrenarse teni√©ndolo todo a mano. “Quer√≠a entrenar bien y sacar buenas notas, pero casi no ten√≠a tiempo. Psicol√≥gicamente me agobio con mucha facilidad cuando no sale siempre todo perfecto. No deber√≠a ser as√≠, pero a√ļn no he aprendido a controlar eso”, asume.

Adiós a la gimnasia

Un club italiano la fich√≥ este a√Īo para disputar la liga de su pa√≠s. Eso, ahora cree, acentu√≥ su ansiedad. “Me puse muy nerviosa y despu√©s esa competici√≥n en febrero, que no me sali√≥ bien, ya ten√≠a la idea de dejar la gimnasia porque no estaba bien a nivel psicol√≥gico”. El anuncio de la Federaci√≥n de su retirada parti√≥ de ella misma. “Ellos me ayudaron en todo lo que pudieron, pero me vi en una situaci√≥n que lo necesitaba. Adem√°s de no hacerme bien a m√≠, tampoco se lo hac√≠a al resto. Estoy agradecida tanto a la Federaci√≥n como a mi club”, subraya Olatz, que no sabe si su adi√≥s ser√° definitivo. “Cuando decid√≠ dejarlo no me fui de la mejor forma posible, porque yo estaba muy distante de todo el mundo, incluso de mis propias entrenadoras y de mis compa√Īeras, pero la mayor√≠a entendieron mi situaci√≥n”.

Si algunos que me ven sufren este problema les recomiendo que se quieran a s√≠ mismos. Cada cuerpo es √ļnico y perfecto para cada persona, y no intent√©is ser como nadie, porque que ya sois mucho siendo vosotros mismos”.
Cuando habla de su anorexia, la gimnasta utiliza indistintamente el pasado y el presente. Aclara que a√ļn no tiene el alta de uno de los especialistas que la tratan y que, por tanto, todav√≠a no ha superado totalmente su enfermedad, aunque su aspecto apenas se aleje del de cualquier chica de su edad. Pero ha querido dar a conocer su caso para ayudar a otras j√≥venes que pudieran estar atrapadas en una situaci√≥n similar. “Cuando estaba mal me habr√≠a gustado haberme puesto en contacto con alguien que hubiera pasado por mi misma situaci√≥n para ver si me ayudaba. Cuando estuve ingresada en el hospital se lo comentaba a la psic√≥loga que me trataba all√≠: ¬Ņyo podr√≠a hacer un v√≠deo para explicar a la gente lo que me est√° pasando? No me lo recomendaba, y en realizad no me atrev√≠a, pero ahora me he decidido, para quedarme m√°s tranquila y que la gente lo conozca”, razona.

Su relato, articulado, maduro, pero dulce y espont√°neo, finaliza con un mensaje de optimismo: “Si algunos que me ven sufren este problema”, dice en el v√≠deo que encabeza esta informaci√≥n “les recomiendo que se quieran a s√≠ mismos. Todas las personas tenemos fallos, nadie nace con todo bien; si no, todo ser√≠a muy aburrido. Cada cuerpo es √ļnico y perfecto para cada persona, y no intent√©is ser como nadie, porque que ya sois mucho siendo vosotros mismos”.

 

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